Cuando pensaban en África, a la mayoría de estos adolescentes de los barrios neoyorquinos de Harlem y el Bronx, les venía a la cabeza aquello que ven por televisión: hambre, pobreza, enfermedades y hermosos paisajes. Muchos de ellos nunca habían salido de Estados Unidos; hasta que tuvieron la oportunidad de viajar a Botsuana.
Dieciseis estudiantes, de entre 15 y 18 años, participaron en un programa de la fundación HEAF que les llevó, a finales de junio, hasta el país africano. “El objetivo del viaje era que los alumnos aprendieran sobre su particular historia, su notable desarrollo económico y su trayectoria democrática. También que se acercaran a la pandemia del sida, que en el país sigue teniendo tasas altísimas. Y todo esto con el fin último de beneficiar a la comunidad con la que iban a trabajar”, explica Danielle Moss, presidenta de la Fundación HEAF, a Guinguinbali.
Samantha tiene 16 años. Está terminando la secundaria y preparándose para ir a la universidad. “Sé lo que me gustaría hacer, pero aún cambio de opinión cuando conozco nuevas cosas”. Era su primer viaje al extranjero. ¿Qué esperaba encontrarse? “Antes del viaje pasamos seis meses estudiando el país y comunicándonos por carta con los estudiantes. Esperábamos encontrarnos chicos como nosotros. Y eso fue lo que ocurrió. Gracias a las cartas que habíamos intercambiado con ellos, ya no nos esperábamos la imagen de pobreza que transmiten los medios”.
Samantha reconoce que algunas cosas sí le sorprendieron. “Pensábamos que serían ciudades con rascacielos, como Nueva York. También nos sorprendió que hiciera frío. Era invierno para ellos. Aunque nos advirtieron, nunca piensas que en África hace frío”.
Su profesora asegura que la idea que tenían los chicos sobre África cambió. “Su percepción evolucionó. Se dieron cuanta de que África es mucho más que lo que suelen ver en los medios de comunicación de EEUU. Muchos nos decían que se imaginaban viviendo allí e incluso que los barrios eran mejores que algunos de Nueva York”.
El descubrimiento fue mutuo. “Ellos también tenían prejuicios sobre los americanos- explica Samantha- Pensaban que todos tendríamos casas bonitas y coches. Esperaban que tuviéramos otra actitud. No, tengo 16 años y vivo en NY. ¡Claro que no tengo coche!”
Ya de vuelta en Estados Unidos, los chicos trabajan ahora editando los documentales. Hablan del sida, sí, pero también de la huelga de profesores que paralizó las escuelas por 3 meses y de los retos que tiene Botsuana por delante. Cuando los terminen, los vídeos se emitirán en Botsuana. Serán un altavoz de los problemas que preocupan a los jóvenes del país. Unas inquietudes que, según Samantha, no se diferencian demasiado de las suyas. “El viaje me sirvió para darme aún más cuenta de que son igual que nosotros, que les preocupan las mismas cosas: tener una buena educación, trabajo, éxito…Nos dimos cuenta de que ni África es como la reflejan los medios americanos, ni Estados Unidos es como aparece en los medios africanos”.
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